“La realidad es que veníamos soñando con esta inversión desde 2008, cuando iniciamos el proceso de instalarnos en Bahía Blanca con una terminal portuaria. En aquel momento pensamos en hacer una planta, pero la decisión se demoró por diversas cuestiones. Hoy vemos una oportunidad clara: el mundo demanda más oleaginosas y aceites, y Bahía cuenta con un puerto excelente de aguas profundas. Creemos que es el momento de avanzar con este proyecto que tendrá un impacto muy positivo en toda la región”.
Lo dijo Luis Zubizarreta, director de Asuntos Públicos, acerca de la ambiciosa inversión de Louis Dreyfus Company (LDC) en el puerto de Ingeniero White, en una entrevista exclusiva con abopa.org.ar, tras una exposición realizada durante una reunión de Zona VII de Carbap en la sede de la Asociación de Ganaderos y Agricultores de Bahía Blanca (AGA).

“De hecho, nuestro objetivo es construir la fábrica de girasol más grande del mundo”, agregó Zubizarreta, antes de explicar las razones de esta inversión que insumirá 400 millones de dólares, que tardará poco más de 2 años en construirse y que comenzará a procesar en marzo de 2029.
—¿Qué potencial ven en la zona respecto a los cultivos, especialmente el girasol?
—Notábamos una ineficiencia logística: parte del girasol de esta región (sur y oeste de Buenos Aires y La Pampa) se exportaba a otras zonas alejadas para su procesamiento, lo cual es costoso. Vimos un espacio para generar una demanda local que evite esos flujos ineficientes. Además, estamos viendo cómo el girasol sigue creciendo y Bahía Blanca es el lugar ideal para centralizar esa producción.
—Esta es una zona tradicional de cereales de invierno como el trigo y la cebada, ¿la propuesta busca romper con ese esquema?
—Sí, queremos sumar alternativas. Creemos que hay una oportunidad muy buena para cultivos como la colza, la carinata y la camelina. Estos cultivos de invierno permiten al productor diversificarse, tener opciones de mercado y acceder a la doble cosecha, dejando menos tiempo ocioso el campo y mejorando la rotación de la tierra.
—En el pasado hubo malas experiencias con cultivos alternativos, como la colza, ¿cómo puede colaborar la firma para que esto no se repita?
—El gran problema siempre fue el mercado; es decir, que el productor tuviera a quién venderle. Con nuestra fábrica vamos a asegurar una demanda estable y continua durante todo el año, pagando precios de mercado transparentes. Nuestra filosofía se basa en la centralidad del cliente, por lo que trabajaremos para dar seguridad a quienes apuesten por estos cultivos que nosotros vamos a necesitar para procesar.
—La logística es un tema crítico en la región, ¿cuál es su visión sobre las rutas y los trenes?
—El aumento del volumen de carga es un buen problema que, en realidad, genera desafíos. Personalmente, veo una gran oportunidad en el ferrocarril; el proceso de privatización que impulsa el Gobierno es interesante y podría poner en valor una red ferroviaria que fue el origen del crecimiento de esta región. En cuanto a las rutas, creo que hay que salir del modelo de administración estatal y pasar a uno donde un privado cobre peaje. A veces lo barato sale caro, y una retribución por el uso garantiza que la infraestructura mejore y el circuito funcione mejor.
—¿Qué respuesta han recibido de los productores de esta región tras el anuncio?
—El feedback ha sido muy bueno. El productor entiende que la industria es parte de su solución, ya que tener un demandante constante genera competencia y un mercado más líquido. Valoramos mucho la relación con instituciones como la Asociación de Ganaderos y Agricultores (AGA) y las Bolsas, que permiten tener una cadena integrada desde el productor hasta el exportador.
—Para que inversiones como estas prosperen, ¿qué condiciones macroeconómicas considera necesarias?
—Es fundamental el orden de la macroeconomía. Contar con un tipo de cambio único y un esquema impositivo que se normalice son condiciones necesarias para que los sectores competitivos respondan. Tenemos un mundo que necesita que la Argentina produzca más, pero no debemos quedarnos rezagados frente a competidores como Brasil o Paraguay, que han hecho muy bien sus deberes en los últimos años.
—Finalmente, ¿cuál es su postura sobre el debate de los biocombustibles en el país?
—Si nos convertimos en un productor mundial de biocombustibles, toda la cadena se beneficia porque el productor recibirá mejores precios por su soja, girasol o colza. La demanda mundial de aceites para aviación y transporte marítimo está creciendo exponencialmente y la Argentina debe aprovechar esa ola para agregar valor y diversificar exportaciones. Necesitamos una ley de biocombustibles moderna que genere competencia y elimine cupos o precios regulados que, hoy, desincentivan la inversión. Es una cuestión legislativa que el Congreso y el Ejecutivo deben empujar; el que largue primero en esta carrera corre con ventaja.
Los detalles de la inversión
La planta tendrá una capacidad de procesamiento de 4.000 toneladas diarias y está diseñada para ser versátil en cuanto a la materia prima.
—Capacidad anual: Se estima una molienda de 1.300.000 toneladas por año, de las cuales aproximadamente un millón serán de girasol.
—Nuevos cultivos: Además de girasol y soja, la planta procesará cultivos de invierno como colza, camelina y carinata.
—La molienda de girasol requiere una infraestructura más compleja que la de la soja, incluyendo etapas de descascarado y extracción por prensa antes del solvente.
—Un punto central de la obra es la eficiencia energética mediante el aprovechamiento de residuos. Para generación de energía, la cáscara del girasol se usará como combustible para las calderas.
—Debido a que el terreno disponible es limitado, la planta no contará con un gran almacenaje propio y dependerá de un flujo constante de mercadería. El desafío logístico es uno de los pilares del proyecto:
—Los planes: actualmente, el muelle propio está al límite de su capacidad, por lo que se evalúan alternativas para la exportación de aceite.
—Transporte: se buscará potenciar el uso del tren para complementar el flujo de camiones.
—El proyecto se encuentra en la fase final de ingeniería y contratación de tecnología, habiendo iniciado ya el movimiento de suelos.
—Tiempo estimado: se prevé que la construcción insuma, al menos, dos años. Se aguarda que la planta esté lista para operar hacia marzo de 2029.
Fotos: Prensa AGA









