Oliverio: “Con más sustentabilidad, en 30 años duplicamos el área sembrada y triplicamos la producción”

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La intensificación y el aumento de la productividad de la agricultura en la Argentina en los últimos 30 años es realmente notable. Si tomamos el promedio de tres años, 1990/1993 y 2017/2020, el área sembrada pasó de 20 millones de hectáreas a 36,5 M/H y la producción se triplicó: de 40 millones de toneladas a 127 M/T.

Este fenomenal crecimiento es, en simultáneo, por un cambio sustancial del sistema de producción en la mayor parte del área agrícola del país, donde los suelos de buena aptitud y potencial, pasaron a un sistema de producción intensivo y los de menor aptitud continúan, en muchos casos, con planteos mixtos de producción (agricultura y ganadería).

Los cambios tecnológicos se iniciaron en los 90 con una mejor reposición de nutrientes a través de un mayor uso de fertilizantes; el cambio de labranza convencional a siembra directa; mejoras de manejo en la estructura de los cultivos; importantes mejoras en la genética disponible; control más eficiente de malezas; plagas y enfermedades, entre otros.

De esta forma disminuyeron fuertemente los fenómenos de erosión; se mejoraron las condiciones de infiltración de agua de lluvia y su eficiencia de uso y se redujeron —en forma notable— las emisiones de CO2 al disminuir el uso de combustible (gasoil) por el cambio en las labranzas.

Veamos números concretos de un campo de Venado Tuerto, en la zona sur de Santa Fe, con una rotación de cultivos de trigo/soja2-maíz-soja de primera, de lo ocurrido en productividad, eficiencia del uso del agua y consumo de combustibles fósiles (emisiones de CO2) entre 1990 y 2020.

Entre 1990 y 2020 se duplicó —cuanto menos— el área agrícola total, pasando de 2.100 a casi 4.500 hectáreas y los rendimientos medios crecieron casi un 60 %, pasando de 4,4 T/H a 7,05 T/H promedio de los cuatro cultivos.

Tomando las lluvias ocurridas en el ciclo de cada cultivo, se puede ver el grado de eficiencia de uso del agua de lluvia, medido como milímetros de lluvia necesarios para producir una tonelada de grano o, mirado de otra forma, cuántos kilos de granos son producidos por milímetro de agua de lluvia.

En requerimiento de agua de lluvia para producir una tonelada de grano, y tomando promedios de 5 años desde 1990 a 2020, para trigo y maíz hoy se necesita un 60 y un 44 % menos de agua de agua para producir una tonelada de grano que, en los 90 y un 50 % de reducción promedio, para soja de primera y segunda.

Para el cultivo de maíz en el trienio 2017/2020 se produjeron 23 kilos de grano por milímetro de agua llovida en el ciclo del cultivo, vs. 11 kilos/milímetro en 1990/1993. En trigo se produjeron 15,3 vs. 5,4 kilos/milímetro y en soja 7 vs. 4 kilos de soja por milímetro de agua de lluvia en el ciclo de cada cultivo.

El cambio del sistema de labranzas de convencional a siembra directa tiene mucho que ver en estos resultados de eficiencia del agua de lluvia y, también, en el control de erosión y en la disminución del uso de combustibles fósiles (gasoil en este caso) y principales responsables de las emisiones de gases (GHI) por hectárea sembrada y por tonelada producida de granos en la rotación.

Gustavo Oliverio, asesor de la Fundación Producir Conservando.

Es importante también la caída de consumo de combustible, cuando la referimos a lo ocurrido por tonelada producida de granos para la rotación trigo/soja2-maíz-soja1, ya que se suma el efecto del notable aumento de la productividad en el período analizado.

Todos los combustibles fósiles tienen un equivalente en generación de CO2 (en gasoil es 2,79 kilos de eq. CO2 por litro de gasoil), por lo que la reducción de emisiones de CO2 anuales —producida en los últimos 30 años en Venado Tuerto para la rotación analizada—, es del 57 %, si la consideramos por hectárea sembrada, y del 71 % si la tomamos por tonelada de grano producido.

Si tomamos como promedio de la agricultura argentina en los últimos 3 años, un 80 % del área sembrada en siembra directa, y generalizamos el ahorro de combustibles obtenido en este campo en Venado Tuerto al resto de las zonas agrícolas, para las 36,5 millones de hectáreas sembradas (2017/2020) el ahorro de combustibles y por lo tanto de emisiones de CO2, es del 44 %, que equivale a un ahorro de 2 millones de toneladas de CO2 que no se emitieron, sólo por la utilización de esta práctica de conservación.

El ahorro de emisiones anuales de CO2 durante 2020 en la agricultura argentina, sólo por el impacto de la utilización de siembra directa, equivale a las emisiones anuales de CO2 que realizarían 200 mil autos que circulan 30.000 kilómetros por año.

Jason Clay (WWF) planteó, en 20313, que “en los próximos 40 años necesitamos producir más alimentos que en los últimos 8.000 años”.

No sólo es el aumento de la población, sino los mayores ingresos y el aumento del consumo.

Necesitamos producir más con menos recursos. Es el único camino es la intensificación sustentable de los sistemas de producción.

Por Gustavo Oliverio / Fundación Producir Conservando

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